El Corredor de Jabalcuz es uno de los senderos más codiciados para caminantes y aficionados a la bicicleta de montaña de cuantos rodean Jaén
El trazado une la capital con Los Villares, situada a una decena de kilómetros, por paisajes de gran belleza, sierras de severa altura, bosques y umbrías y balnearios románticos que hace décadas constituyeron el delicioso retiro de la burguesía local. El camino comienza en uno de los extremos del barrio de la Glorieta, situado al sur de la ciudad, a espaldas del castillo de Santa Catalina y próximo al parque del Seminario, otro de los pulmones verdes de la capital. El corredor está señalizado y su grado de dificultad es baja, al menos en su primer tramo hasta la colonia de Jabalcuz. Los primeros dos kilómetros discurren paralelos a la carretera comarcal que une Jaén con Los Villares y Valdepeñas de Jaén. El caminante y el ciclista dejan a un lado el lavadero y la ermita del Cristo de Chircales y encaran un sendero pavimentado donde el artista local José Ríos ha ubicado algunas obras escultóricas. Destacan un marco en metal cuyo motivo central es el paisaje que se divisa a lo lejos, altas montañas que conforman la puerta de entrada a la Sierra Sur. El corredor discurre a un lado de la cantera de donde se extrajo la piedra que levantó los principales monumentos de la capital y de sus alrededores, entre ellos la Catedral, joya del
renacimiento andaluz. El sendero encara una subida hasta un valle cerrado en uno de cuyos lados se halla Jabalcuz, la montaña, el balneario y los románticos jardines. Esta vieja colonia remonta sus orígenes a varios siglos atrás, cuando los primeros habitantes de la ciudad aceptaron las bondades mineromedicinales de las aguas que brotaban a los pies de una montaña. Las primeras construcciones señoriales se levantaron a principios del siglo XX. De esa época es el balneario, hace décadas cerrado al público, los palacetes, el paseo y sobre todo los deliciosos jardines que hoy han sido recuperados como escenario de celebraciones sociales y culturales. En ellos, por ejemplo, se celebra en verano alguno de los conciertos del Festival de Jazz. El Corredor de Jabalcuz encara a partir de aquí la otra mitad de su trayecto hasta la localidad de Los Villares, una subida severa hasta el conocido restaurante de El Mirador, nombre que hace justicia con la panorámica que se extiende a nuestros pies. Los últimos kilómetros son de bajada hasta cruzar el río que lleva el nombre del pueblo, un municipio singular, situado a los pies de una sierra por cuya carretera de montaña se accede al emblemático pico de La Pandera, la cumbre que protege el pueblo de Valdepeñas de Jaén.